Esto es lo que pasa cuando los toros más atractivos de la feria, los Victorinos, no salen a la calle porque su lidia se programa para el día 24, primero de las fiestas, cuando no hay encierro. Esto sucede cuando de siete carreras sólo hay dos con toros de "verdad". Esto ocurre cuando los toros "de peluche" del resto de días, que se las saben todas, pasan de problemas y ni siquiera se molestan en lanzar un triste derrote a un corredor.
Nadie quiere que haya heridos o incidencias graves en la carrera. Por supuesto que no. Pero la emoción de ver a un toro bravo poniendo en verdaderos aprietos a los mozos es lo mínimo que se puede pedir para compensar el madrugón de los espectadores, y eso es algo que en contadas ocasiones se puede disfrutar en Tudela.
El ayuntamiento ha trabajado muy duro y ha invertido mucho dinero durante los últimos años para potenciar el encierro tudelano. Cambió el recorrido, mejoró el vallado, hizo correr a los toros de las corridas, y diseñó un dispositivo y plan de emergencias excelente. Pero el protagonista del encierro es el toro, y si éste falla, todo lo demás no sirve de nada.
Doble ración
Si no fuera suficiente con una taza, ayer hubo taza y media. Al ser el Día de las peñas, el programa contempló el tradicional encierro de las 8 de la mañana y uno más de propina por la tarde.
Los astados de Íñiguez de Arguedas protagonizaron el encierro matutino y completaron una carrera monótona que duró 4 minutos y 7 segundos.
Toros y cabestros formaron desde la salida un manada compacta y sin fisuras que se dedicó a barrer el recorrido como si de una ola de carne y cuernos se tratara.
La caída de varios mozos en el tramo final provocó las dos únicas atenciones de la carrera. Los heridos fueron los vecinos de Ribaforada Pepe Sevilla y Sergio González, quienes presentaron un esguince de tobillo y varias magulladuras en la espalda, respectivamente.
Un poco más de emoción tuvo el encierro vespertino con toros de Macua, de Larraga. La manada se fracturó en dos grupos y dio opción a los mozos a coger más pitón. Algunos de los corredores parecieron acusar el cansancio de todas las fiestas. Y es que dos de ellos cayeron al suelo y vieron como varios morlacos les pasaban por encima sin llegar a pisarles. Este encierro concluyó en 5 minutos y 24 segundos y con una sola atención.
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